Antonio de Nebrija, referente humanista y emprendedor

Antonio de Nebrija, referente humanista y emprendedor

Antonio de Nebrija es el autor de la primera gramática española publicada en el año 1492, la cual dotó de corpus a la lengua y añadió rigor, orden, organización, estructura, método y reglas a la misma.

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(20/May/2022 – web) Por: Helena López-Casares Pertusa, Doctora en Neurociencia Cognitiva de las Organizaciones de la Universidad Nebrija.- En nuestra sociedad veloz, inestable, llena de desafíos, repleta de pruebas, incierta y líquida, los referentes y los modelos encarnados en personas que lograron grandes gestas parecen que han pasado a un segundo plano. Con ello, también se han escondido las positivas influencias que el logro, el esfuerzo, el trabajo, la perseverancia y la tenacidad tienen en la trayectoria vital de las personas.

Emprender significa acometer una obra, realizar una hazaña o protagonizar una gesta. Un emprendedor es una persona con vocación de logro, alma inquieta y mirada de gran alcance. En este sentido, rescatamos la figura de Antonio de Nebrija en el 500 aniversario de su muerte como ejemplo emprendedor y referente humanista.

Antonio de Nebrija es el autor de la primera gramática española publicada en el año 1492, la cual dotó de corpus a la lengua y añadió rigor, orden, organización, estructura, método y reglas a la misma. Las aportaciones de Antonio de Nebrija son inestimables y suponen un tesoro para la gramática española en un momento en el que el castellano empezaba a abrirse paso por el mundo y a extender su influencia.

Los emprendedores inician el camino hacia nuevas metas y vibran con lo que hacen porque han entendido que esa actividad forma parte de su propósito vital. Esta visión es fundamental para generar valor. Podemos afirmar que Antonio de Nebrija fue un pionero, ya que fue el primero en analizar un idioma moderno en profundidad y en toda su extensión, aumentando su importancia y posición en el mundo. Ser un pionero en un área ayuda a abrir nuevos caminos y a inspirar a otras personas. Y así fue, ya que el trabajo de Nebrija influyó en estudiosos de varias lenguas de origen latino, como el francés, el italiano o el portugués.

A Nebrija se le considera, además, como el primer gran humanista del mundo hispánico, ya que el compendio de su obra trata múltiples temas, como los relacionados con la filosofía o el papel del hombre en la ciencia, tratados desde el prisma de los valores y el humanismo.

Una época de transición

La época en la que vivió Nebrija está caracterizada por ser un punto de transición entre el fin de la Edad Media y el paso a la Edad Moderna. Las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales, muy influidas por lo religioso, estaban inmersas en un proceso de profunda transformación. La renovación en todas las áreas, la reaparición del saber clásico, el acercamiento al conocimiento y la aparición del humanismo abren una etapa nueva de renacimiento. La difusión de la nueva mentalidad se vio beneficiada por la introducción de la imprenta en 1450 por parte de Gutenberg, la tecnología punta de la época que permitió la circulación de las ideas de forma más amplia y rápida.

El siglo XXI se erige también como una era del cambio y de la velocidad. La humanidad está asistiendo a una serie de transformaciones que dotan de inestabilidad a distintos órdenes como el social, el económico, el cultural, el político o el medioambiental. Las disrupciones tecnológicas, la globalización y la hipercompetitividad son las tres palancas centrales del cambio y los vectores impulsores de la transformación de la realidad.

Este contexto requiere de discernimiento para una adaptación sensata y armónica a los cambios. Por eso, el siglo XXI debe caminar hacia la creación de un marco filosófico para el desarrollo del ser humano y sus capacidades cognitivas en un tiempo nuevo. Ésta es la época del conocimiento, del capital humano y del valor intelectual, pero sin base humanista todo ello queda suspendido en el vacío. Necesitamos, pues, mentes del renacimiento.

El paradigma de la complejidad en el que estamos inmersos supera todo lo establecido hasta ahora. Se impone la necesidad de replantear los fundamentos disciplinares sobre los que se ha asentado la visión de las capacidades humanas y comprender que el hombre es creador, innovador y capaz de aprender de forma constante. Aquí es donde el humanismo y sus representantes tienen un encaje clave.

Un humanismo para el siglo XXI

La relación del hombre con el mundo del siglo XXI requiere de una amplitud de miras y de una recuperación de la visión creativa del ser humano, lo que conduce a redescubrir y a refundar el humanismo.

La construcción de esta identidad humanista permite que en el mundo globalizado se respeten los valores que fomentan el desarrollo de las personas, se encuentren los puntos dispares y se renueven las capacidades humanas para seguir edificando el destino compartido de forma creativa.

Éste es un momento de reencuentro del hombre consigo mismo, del despertar del pensamiento crítico y de la vuelta de la capacidad intelectual y vital de las personas para decidir en qué sociedad desean vivir.

Antonio de Nebrija fue un hombre completo, de gran perspectiva, que cultivó múltiples saberes y ayudó a la evolución de multitud de áreas del conocimiento. Todo un valedor de su tiempo y una de las figuras del renacimiento más importantes de la Europa del siglo XVI, que debe ser reivindicado como un referente y un faro para tiempos movidos como los actuales.

Al igual que Nebrija, los hombres y mujeres del siglo XXI deben ir en busca de la verdad, de la libertad y de la dignidad humana, cuyo eje de rotación se encuentra en el espíritu emprendedor y en la idea de que somos nosotros los que tendemos los puentes para cruzar los ríos de aguas revueltas que nos rodean, liberando nuestro talento y potencial.

Estas nuevas formas de pensar conllevan un reaprender a Ser en relación con el mundo y un equilibrio individual donde el pensamiento divergente y la creatividad marquen la reconquista de las parcelas de autonomía individual y propicien un giro a la conciencia creadora.

Vía Universidad Nebrija

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