En el Día de las Redes Sociales, LLYC alerta sobre el doble filo de ser viral: desde éxitos digitales hasta crisis reputacionales.
‘Ser viral’, una moneda de dos caras en la era digital: LLYC reflexiona sobre el impacto de las redes sociales
El informe de LLYC destaca cómo ser viral puede potenciar una marca o hundirla si no se gestiona con estrategia y responsabilidad.
Ciudad de Panamá, 30 de junio de 2025 — En el marco del Día de las Redes Sociales, la consultora global LLYC propone una profunda reflexión sobre cómo la viralidad ha dejado de ser una simple consecuencia de la conectividad digital para transformarse en una poderosa herramienta que moldea reputaciones, carreras e incluso el destino de empresas enteras.
En el análisis titulado “Ser viral”, LLYC describe un entorno donde la velocidad con la que circula la información puede amplificar logros o destruir prestigios en cuestión de minutos. Lo que comenzó como plataformas para compartir momentos personales se ha convertido en una arena de alto riesgo donde la visibilidad digital exige planificación, autenticidad y reacción estratégica.
Uno de los puntos más críticos que advierte la firma es el riesgo de la desinformación viral. Su estudio “La desinformación causa pérdidas reales” advierte que los contenidos falsos, al ser amplificados masivamente, pueden erosionar la confianza pública y desestabilizar el valor corporativo de marcas y compañías.
La viralidad también ha demostrado ser un trampolín cultural. Según LLYC, durante los Juegos Olímpicos de París 2024, varios atletas sin medallas se convirtieron en íconos globales gracias a su presencia digital, demostrando que hoy el impacto cultural no siempre depende del resultado deportivo, sino del relato que se construye en redes.
Para Michelle Tuy, directora general de LLYC en Panamá, “ser viral no siempre equivale a tener éxito. Pero sí indica que algo o alguien ha capturado la atención del mundo. Qué se hace con esa atención, es lo que realmente define el desenlace.”
La consultora insta a empresas, marcas personales y líderes a dejar de ver la viralidad como un fin en sí mismo y empezar a gestionarla como una herramienta reputacional al servicio de una narrativa con propósito, verdad y empatía.


















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